Llevaba
varios días tras esa lapa. Esa noche decidió quedarse internado en el monte.
Estaba resuelto a darle casería esa misma noche. Alistó una trampa con un cebo
y se preparó entre unos árboles un catre improvisado para cuidarse de algún animal
salvaje, pero al mismo tiempo para tener una posición de altura favorable que
le permitiera saber cuándo el roedor llegara a la carnada.
En
una tensa calma transcurrieron varias horas. Paciencia es lo que más debe tener
un cazador. Cuenta que el hambre y los zancudos eran su distracción entre la
lentitud del tiempo. Escuchó un ruido a lo lejos entre la maleza. Algo se iba acercando.
Pensó: “por fin viene la lapa”. Resultó no ser lo que él esperaba. Era un
animal pequeño, lo percibió como un ratón o algo así por el estilo. El pequeño
animal se dirigió directamente hacia el punto donde se encontraba él. Subió por
uno de los bordes del catre improvisado y al llegar arriba mi tío sintió, en la
plena oscuridad de la noche, donde sus oídos eran también sus ojos, como el
animal se convirtió en algo mucho más grande; tanto así que el catre se inclinó
hacia el lado donde se posicionó el animal. Fue como si se hubiera sentado
alguien a su lado. Hubo más silencio. Mi tío se quedó inmóvil; así pasó un
largo rato que sintió como una eternidad hasta que aquello, que ya sabía lo que
era y que entendía que no era un animal, le empezó a respirar muy cerca de su
cuello. Escuchaba y sentía su respiración. Movió su brazo y lo sintió,
definitivamente algo estaba sentado a su lado. Mi tío cazador de toda la vida y
cristiano de años tuvo un impulso de valentía y se atrevió a decir: “arrímate un
poco que ya no me estás dejando espacio”; sintió inmediatamente como el demonio
en cuestión volvió a tomar la forma de un animal pequeño y bajó por donde mismo
había subido marchándose por la misma dirección que había llegado.
Mi
tío quedó perplejo, como en shock. Dijo que como ser humano sintió miedo; pero
se mantuvo tranquilo. Descolgó su catre y también cogió el camino de regreso
para su hogar. Cuenta, que su experiencia como cazador le enseñó que cuando
algún demonio se aparece durante la cacería se debe abandonar la caza por esa
jornada, porque la misma no será prospera y si se insiste cosas malas pueden
suceder.




