martes, 17 de abril de 2018

MI TÍO CAZANDO Y EL DEMONIO QUE SE SUBIÓ A SU CATRE



Llevaba varios días tras esa lapa. Esa noche decidió quedarse internado en el monte. Estaba resuelto a darle casería esa misma noche. Alistó una trampa con un cebo y se preparó entre unos árboles un catre improvisado para cuidarse de algún animal salvaje, pero al mismo tiempo para tener una posición de altura favorable que le permitiera saber cuándo el roedor llegara a la carnada.

En una tensa calma transcurrieron varias horas. Paciencia es lo que más debe tener un cazador. Cuenta que el hambre y los zancudos eran su distracción entre la lentitud del tiempo. Escuchó un ruido a lo lejos entre la maleza. Algo se iba acercando. Pensó: “por fin viene la lapa”. Resultó no ser lo que él esperaba. Era un animal pequeño, lo percibió como un ratón o algo así por el estilo. El pequeño animal se dirigió directamente hacia el punto donde se encontraba él. Subió por uno de los bordes del catre improvisado y al llegar arriba mi tío sintió, en la plena oscuridad de la noche, donde sus oídos eran también sus ojos, como el animal se convirtió en algo mucho más grande; tanto así que el catre se inclinó hacia el lado donde se posicionó el animal. Fue como si se hubiera sentado alguien a su lado. Hubo más silencio. Mi tío se quedó inmóvil; así pasó un largo rato que sintió como una eternidad hasta que aquello, que ya sabía lo que era y que entendía que no era un animal, le empezó a respirar muy cerca de su cuello. Escuchaba y sentía su respiración. Movió su brazo y lo sintió, definitivamente algo estaba sentado a su lado. Mi tío cazador de toda la vida y cristiano de años tuvo un impulso de valentía y se atrevió a decir: “arrímate un poco que ya no me estás dejando espacio”; sintió inmediatamente como el demonio en cuestión volvió a tomar la forma de un animal pequeño y bajó por donde mismo había subido marchándose por la misma dirección que había llegado.

Mi tío quedó perplejo, como en shock. Dijo que como ser humano sintió miedo; pero se mantuvo tranquilo. Descolgó su catre y también cogió el camino de regreso para su hogar. Cuenta, que su experiencia como cazador le enseñó que cuando algún demonio se aparece durante la cacería se debe abandonar la caza por esa jornada, porque la misma no será prospera y si se insiste cosas malas pueden suceder.


miércoles, 11 de abril de 2018

MI PAPÁ Y EL ÁNIMA SOLA


Mi padre es oriundo de la zona llanera de Venezuela. Cuenta que para ir al colegio recorría kilómetros de caminos polvorientos con sus alpargatas y el cuadernito bajo el brazo. Al regresar de la escuela casi no había tiempo para jugar, porque desde pequeño se trabajaba la tierra y se cuidaban los animales; tareas que les encomendaba mi abuelo.

Llegada la edad de la adolescencia trajo consigo el enamoramiento juvenil. Igual que para ir a la escuela para visitar a las novias debía caminar grandes distancias por veredas de tierra y monte. En una ocasión, tuvo un romance con una chica y las visitas duraban hasta entrada la noche. Mi abuela empezó a advertirle que no era bueno que se regresara a casa tan tarde, cosa a la cual no le prestó la más mínima atención; como el típico joven a su edad. Por un tiempo así transcurrieron las visitas del pretendiente padre mío hasta que su suerte cambió una noche de regreso a su hogar. Justo por una vereda de monte su cuerpo se espeluznó y supo que algo iba a pasar. Sintió una presencia cercana a él, como que alguien caminara a su lado, hasta que le silbaron en el oído; un silbido que según cuenta le llegó hasta los mismos huesos. No lo pensó dos veces y corrió, corrió con todas las fuerzas y energías que su miedo le motivaba. El camino se le hizo eterno hasta que por fin vislumbró su casa. Llegó a la puerta, tocó como si lo perseguía no sabía qué y antes que mi abuela pudiera abrir la puerta se desmayó.

Se acordó de las advertencias de mi abuela y el acontecimiento lo obligó a no volver a desoírlas, porque entendió que el Ánima Sola deambulaba por esos parajes.

viernes, 6 de abril de 2018

LA PRIMERA VEZ QUE ESCUCHÉ HABLAR DE EL CHIVATO


Hace ya muchos años, cuando aún no era siquiera adolescente, por allá por el sur del estado Monagas, zona del llano venezolano donde se cría y se siembra en los fondos de las casas; me llamó la atención una conversación que tenían unos primos de mayor edad. La curiosidad me llevó a pedirles que volvieran a narrar lo que había sucedido.

Uno de los primos contó lo siguiente: Mientras dormía en la noche escuchaba una bulla entre los chivos de alguno de los vecinos cercanos. El alboroto de los animales era tal que le molestaba. A pesar del fastidio que le generaba el ruido del tropel de los animales trataba de conciliar el sueño pero no le era posible. Él estaba seguro que eran chivos, pero el sonido característico de estos caprinos le resultaba algo distinto de lo normal, sonaba como si a uno de esos chivos lo estuvieran extrangulando, por lo que se levantó para mirar por la ventana del cuarto donde se encontraba. Al abrir la ventana en cuestión, lo que vio lo dejó perplejo. Observó por el camino de tierra adyacente a la casa un animal tipo centauro que él describió de la cintura para abajo efectivamente como una cabra o un chivo, pero de la cintura hacia arriba un demonio o el mismísimo diablo; el cual vio pasando mientras iba dejando una estela de polvo y candela. Cuando el ente pasó y desapareció en la oscuridad, de la lejanía un viento fuerte, fuera de lo común, regresó de la dirección de donde desapareció el animal. Tan violento fue el viento que al entrar por la ventana lo sacudió contra la pared opuesta, dejándolo por un momento prácticamente inmóvil.

Por años esta historia quedó grabada en mi memoria. No dudaba de la veracidad de los hechos, porque es común que estos eventos ocurran en el llano venezolano; sin embargo, muchos años después yo mismo tuve una experiencia con esta cosa pero jamás pensé que hubiera podido ser en plena ciudad.

Estas experiencias me han llevado a preguntarme por años si realmente son entes demoníacos o individuos que atraviesan mundos paralelos al nuestro.

lunes, 2 de abril de 2018

MI HERMANO DIJO QUE ERA LA SAYONA


No sé si sólo es una costumbre mía, de mis familiares y de mis amistades, no lo creo. Desde pequeño siempre me ha gustado escuchar narraciones reales sobre apariciones de espantos y espíritus. Nunca perdía la oportunidad de sacarle una de estas vivencias a quien le haya ocurrido. Yo mismo tuve mis propias experiencias, ya siendo adulto. Desde mi abuelo, padres, pasando por tíos, primos, amigos o hermanos he conocido diversas historias que le suben a uno la adrenalina y le ponen la piel de gallina. Es emocionante aunque luego no se logre conciliar el sueño por la noche.

Como es algo común del gentilicio venezolano, traigo un determinado número de historias que en realidad han sucedido y desde hoy voy a compartir con ustedes.

MI HERMANO DIJO QUE ERA LA SAYONA


Siendo aún muy jóvenes, ni siquiera adolescentes; mi hermano no había sido bautizado y en ese tiempo le sucedieron varias cosas extrañas. La que más recuerdo fue la que él relató como la aparición de la sayona. Aunque a mi jamás me había sucedido algo así, sin más pruebas que con la narración de los hechos le creí.

Dormíamos en un mismo cuarto mi hermano, una hermana, una prima y yo. Mi hermano cuenta que todos nos habíamos dormido excepto él. Acostumbrabamos a dormir con la puerta del cuarto abierta. Explica que en un momento se reflejó en la puerta una imagen como la de las brujas que suelen aparecer en los dibujos animados, donde resaltaba el sombrero grande de punta. Esa figura, desde el exterior del cuarto, empezó a reírse a carcajadas y luego lloraba desconsoladamente. Así alternaba esas dos expresiones de sentimientos. Mi hermano cuenta que empezó a llamarnos, saltaba de cama en cama tratando de despertarnos pero asegura que le fue imposible. En el desespero optó por acostarse y taparse la cabeza. Dejó de escucharse y pensó que todo había pasado, pero al descubrirse el rostro la imagen seguía ahí, reflejada en la puerta. Aún con su juventud pensó en que debía rezar y empezó el Padre Nuestro. Mientras rezaba se quedó dormido en un profundo sueño y al otro día nos contó lo sucedido.


Esto no sucedió en el llano, ni en medio de la oscuridad del monte. Sucedió en una casa y en plena ciudad. Misterios sin sentido y sin explicación.