miércoles, 11 de abril de 2018

MI PAPÁ Y EL ÁNIMA SOLA


Mi padre es oriundo de la zona llanera de Venezuela. Cuenta que para ir al colegio recorría kilómetros de caminos polvorientos con sus alpargatas y el cuadernito bajo el brazo. Al regresar de la escuela casi no había tiempo para jugar, porque desde pequeño se trabajaba la tierra y se cuidaban los animales; tareas que les encomendaba mi abuelo.

Llegada la edad de la adolescencia trajo consigo el enamoramiento juvenil. Igual que para ir a la escuela para visitar a las novias debía caminar grandes distancias por veredas de tierra y monte. En una ocasión, tuvo un romance con una chica y las visitas duraban hasta entrada la noche. Mi abuela empezó a advertirle que no era bueno que se regresara a casa tan tarde, cosa a la cual no le prestó la más mínima atención; como el típico joven a su edad. Por un tiempo así transcurrieron las visitas del pretendiente padre mío hasta que su suerte cambió una noche de regreso a su hogar. Justo por una vereda de monte su cuerpo se espeluznó y supo que algo iba a pasar. Sintió una presencia cercana a él, como que alguien caminara a su lado, hasta que le silbaron en el oído; un silbido que según cuenta le llegó hasta los mismos huesos. No lo pensó dos veces y corrió, corrió con todas las fuerzas y energías que su miedo le motivaba. El camino se le hizo eterno hasta que por fin vislumbró su casa. Llegó a la puerta, tocó como si lo perseguía no sabía qué y antes que mi abuela pudiera abrir la puerta se desmayó.

Se acordó de las advertencias de mi abuela y el acontecimiento lo obligó a no volver a desoírlas, porque entendió que el Ánima Sola deambulaba por esos parajes.

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