No
sé si sólo es una costumbre mía, de mis familiares y de mis amistades, no lo
creo. Desde pequeño siempre me ha gustado escuchar narraciones reales sobre
apariciones de espantos y espíritus. Nunca perdía la oportunidad de sacarle una
de estas vivencias a quien le haya ocurrido. Yo mismo tuve mis propias
experiencias, ya siendo adulto. Desde mi abuelo, padres, pasando por tíos,
primos, amigos o hermanos he conocido diversas historias que le suben a uno la
adrenalina y le ponen la piel de gallina. Es emocionante aunque luego no se
logre conciliar el sueño por la noche.
Como
es algo común del gentilicio venezolano, traigo un determinado número de
historias que en realidad han sucedido y desde hoy voy a compartir con ustedes.
MI HERMANO DIJO
QUE ERA LA SAYONA
Siendo aún muy
jóvenes, ni siquiera adolescentes; mi hermano no había sido bautizado y en ese
tiempo le sucedieron varias cosas extrañas. La que más recuerdo fue la que él
relató como la aparición de la sayona. Aunque a mi jamás me había sucedido algo
así, sin más pruebas que con la narración de los hechos le creí.
Dormíamos en un
mismo cuarto mi hermano, una hermana, una prima y yo. Mi hermano cuenta que
todos nos habíamos dormido excepto él. Acostumbrabamos a dormir con la puerta
del cuarto abierta. Explica que en un momento se reflejó en la puerta una
imagen como la de las brujas que suelen aparecer en los dibujos animados, donde
resaltaba el sombrero grande de punta. Esa figura, desde el exterior del
cuarto, empezó a reírse a carcajadas y luego lloraba desconsoladamente. Así
alternaba esas dos expresiones de sentimientos. Mi hermano cuenta que empezó a
llamarnos, saltaba de cama en cama tratando de despertarnos pero asegura que le
fue imposible. En el desespero optó por acostarse y taparse la cabeza. Dejó de
escucharse y pensó que todo había pasado, pero al descubrirse el rostro la
imagen seguía ahí, reflejada en la puerta. Aún con su juventud pensó en que
debía rezar y empezó el Padre Nuestro. Mientras rezaba se quedó dormido en un
profundo sueño y al otro día nos contó lo sucedido.
Esto no sucedió
en el llano, ni en medio de la oscuridad del monte. Sucedió en una casa y en
plena ciudad. Misterios sin sentido y sin explicación.


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